Cuando un niño presenta dificultades para seguir el ritmo de su clase, ya sea por una necesidad específica de apoyo educativo, un trastorno del aprendizaje o cualquier otra circunstancia, el centro escolar dispone de una herramienta clave para ajustar su enseñanza: las adaptaciones curriculares. Sin embargo, muchas familias no saben exactamente qué son, quién puede solicitarlas ni qué pasos hay que seguir para pedirlas.
En este artículo te explicamos, de forma clara, en qué consisten las adaptaciones curriculares, qué tipos existen y cómo iniciar el proceso en el colegio o instituto de tu hijo.
¿Qué son las adaptaciones curriculares?
Las adaptaciones curriculares son ajustes que el centro educativo realiza sobre la programación habitual de una asignatura o área para que un alumno con determinadas dificultades pueda acceder mejor al aprendizaje. No se trata de «bajar el nivel» sin criterio, sino de adaptar la metodología, los contenidos o los criterios de evaluación a las necesidades reales del niño, respetando siempre su derecho a progresar académicamente.
Estas adaptaciones pueden afectar a cómo se presenta la información, al ritmo de trabajo, a los materiales utilizados o, en los casos más importantes, a los propios objetivos de aprendizaje de la asignatura.
Adaptaciones significativas y no significativas
Dentro de las adaptaciones curriculares existen dos grandes tipos, según su alcance:
Adaptaciones curriculares no significativas (ACNS). Son las más habituales y no modifican los objetivos ni los criterios de evaluación de la asignatura. Consisten en ajustes como cambiar la forma de presentar los contenidos, fraccionar las tareas, dar más tiempo para los exámenes, utilizar apoyos visuales o adaptar la metodología en el aula. El alumno sigue el mismo currículo que sus compañeros, solo que con apoyos adicionales para acceder a él.
Adaptaciones curriculares significativas (ACS). Suponen una modificación más profunda, ya que pueden afectar a los propios objetivos y criterios de evaluación de una o varias asignaturas. Se aplican a alumnado con necesidades educativas especiales cuando, después de haber probado otras medidas, se considera necesario ajustar el nivel de exigencia curricular. Este tipo de adaptación requiere, previamente, una evaluación psicopedagógica que la justifique.
¿Quién puede solicitarlas y en qué casos?
Las adaptaciones curriculares están pensadas para alumnado con necesidad específica de apoyo educativo (NEAE), una categoría que incluye distintas situaciones:
- Alumnado con necesidades educativas especiales, asociadas a discapacidad o a trastornos graves de conducta o de la comunicación.
- Alumnado con dificultades específicas de aprendizaje, como dislexia, discalculia o TDAH.
- Alumnado con altas capacidades intelectuales.
- Alumnado que se ha incorporado tardíamente al sistema educativo español.
- Alumnado en situación de desventaja social que afecta a su proceso de aprendizaje.
En la práctica, quien puede iniciar la solicitud es la familia o tutores legales del alumno, aunque también puede surgir la propuesta desde el propio centro escolar, normalmente a través del tutor o del departamento de orientación, cuando detectan indicios de que el niño necesita este tipo de apoyo.
Pasos para pedir una adaptación curricular en el colegio
El proceso puede variar ligeramente según el centro, pero en líneas generales sigue esta secuencia:
- Solicitud inicial. La familia se dirige al tutor o tutora del niño, o directamente al departamento de orientación (o al Equipo de Orientación Educativa, EOE, en el caso de centros de infantil y primaria), para trasladar su preocupación y pedir una valoración.
- Evaluación psicopedagógica. El orientador o la orientadora del centro realiza una evaluación para determinar si el alumno presenta una necesidad específica de apoyo educativo y, en su caso, de qué tipo. Esta evaluación puede apoyarse en informes externos, como los de un psicólogo infantil, si la familia ya dispone de ellos.
- Informe de evaluación psicopedagógica. Con los resultados, se elabora un informe oficial que recoge las necesidades del alumno y las medidas educativas recomendadas, incluyendo si procede una adaptación no significativa o significativa.
- Diseño de la adaptación. El equipo docente, con el asesoramiento del departamento de orientación, concreta cómo se va a aplicar la adaptación en cada asignatura afectada.
- Conformidad de la familia. En el caso de las adaptaciones significativas, es necesario que la familia dé su conformidad expresa antes de que se pongan en marcha.
- Aplicación y seguimiento. La adaptación se incorpora al expediente del alumno y se revisa periódicamente para valorar si sigue siendo necesaria o si conviene ajustarla.
Es importante tener en cuenta que este proceso puede llevar tiempo, por lo que cuanto antes se inicie la solicitud, antes podrá el niño beneficiarse de los apoyos que necesita.
El papel del psicólogo y del orientador escolar en el proceso
Tanto el orientador del centro como un psicólogo infantil externo pueden desempeñar un papel muy relevante en este proceso, aunque desde ámbitos distintos.
El orientador escolar es quien realiza la evaluación psicopedagógica oficial dentro del centro y quien coordina, junto con el profesorado, el diseño concreto de la adaptación curricular. Su informe es el documento que da validez administrativa a la medida.
Un psicólogo infantil, por su parte, puede aportar una valoración complementaria muy útil, especialmente en los siguientes casos:
- Cuando la familia necesita una primera orientación antes de acudir al centro escolar.
- Cuando se requiere profundizar en aspectos concretos (atención, aprendizaje, aspectos emocionales) que enriquezcan la evaluación del centro.
- Cuando conviene preparar de forma clara y ordenada la información que se va a trasladar al colegio, facilitando así el proceso.
Contar con un informe psicológico bien fundamentado no sustituye al proceso oficial del centro, pero sí puede agilizarlo y aportar una visión más completa de las necesidades del niño.
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